Copenhague: tranquilidad y belleza al alcance de un viaje en tren

Copenhague resalta por ser una ciudad sostenible. Prueba de ello es que se presta a los medios de transporte más ecológicos como el tren o la bicicleta. Por eso escapa al ritmo frenético de las grandes capitales y ofrece un remanso de paz en el que sumergirse.

Descubra Copenhague en tren

Copenhague no es una capital como las demás. Es tranquilidad, paz, vida relajada. Adiós a los atascos, a los coches y al estrés de enormes cantidades de gente. Por eso, llegar a la ciudad en tren es una de las mejores decisiones que se puede tomar. Con los trenes de Deutsche Bahn en muy pocas horas estará disfrutando de una de las capitales de la slow life, donde la red de transportes es altamente eficiente. Además, se potencia de forma destacada el uso de la bicicleta para los movimientos diarios. Y usted también puede mimetizarse en el ambiente gracias a la posibilidad de transportar su propia bicicleta en los trenes de Deutsche Bahn. Si lo prefiere, también puede alquilarla cómodamente en la ciudad, donde llegará enseguida, ya que la Estación Central de Copenhague está en pleno centro. Enseguida se dará cuenta de que no es un destino europeo como cualquier otro. Es un lugar tranquilo que ofrece la enorme comodidad de que todos los puntos de interés se encuentran muy próximos entre sí. A escasos cuatro minutos andando descubrirá los Jardines de Tivoli, un parque de atracciones cuyo origen se remonta a 1843, siendo el segundo más antiguo del mundo.

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Compras sin problemas de espacio en el viaje de vuelta

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Una de las muchas ventajas que tiene viajar con Deutsche Bahn es la facilidad a la hora de transportar equipaje. Algo que podemos aprovechar a la hora de realizar nuestras compras y llevarnos todos los recuerdos que queramos de la bella ciudad de Copenhague. En la red de calles Strøget encontraremos pequeños y grandes comercios con los que sorprendernos. Además, en toda la ciudad encontrará el fuerte influjo del escritor Hans Christian Andersen, de origen danés. Esto puede comprobarse con la Sirenita de Andersen, una escultura en el malecón de Langelinje que es todo un símbolo de la ciudad. Tampoco se puede perder el Puerto de Nyhaun, la comunidad Christiania de tintes hippies, la famosa plaza Kongens Nytorv, el Palacio de Amalienborg, residencia de la familia real danesa; o el Palacio de Christiansborg, sede del Parlamento.

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